Ciudades limpias, entre la artimaña y la política pública

7 marzo, 2013 | : Contaminación del aire

7 marzo 2013. Con distintos matices y enfoques, Europa, China y México están debatiendo sobre la importancia de que sus ciudades tengan un aire cada vez más limpio. En nuestro país, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) se está reuniendo con las principales instituciones médicas y académicas para evaluar si hace más estrictas las normas oficiales que fijan los límites para ozono y partículas, los contaminantes más abundantes en las ciudades mexicanas. Mientras tanto, Europa ha anunciado su intención de adoptar lineamientos más severos para proteger la salud de su población. China, por su parte, enfrenta denuncias de que varias ciudades han falsificado sus reportes para simular una sorprendente baja en la polución.

Hasta el momento, Europa está mostrando la actitud más propositiva en términos de política pública. Ya en septiembre de 2012 la Comisión Europea dio a conocer un estudio donde reconocía que la mala calidad del aire seguía provocando en ese continente cáncer de pulmón, problemas respiratorios y enfermedades cardiacas, al grado de reducir la esperanza de vida de los europeos en ocho meses, en promedio, y más de dos años (el triple) en las regiones más contaminadas.

Elaborado por Agencia Europea de Medio Ambiente, el estudio admite que en las ciudades europeas casi un tercio de la población está expuesta a altas concentraciones de partículas suspendidas en la atmósfera, pero el porcentaje supera el 90% si se utilizan como referencia los límites más estrictos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el caso de las partículas menores a 10 micras (PM10), generadas por la industria, la construcción y el transporte, el 21% de la población urbana respira niveles superiores a los límites europeos. Según los límites de la OMS, la proporción expuesta asciende al 81%.

En cuanto a las partículas menores a 2.5 micras (PM2.5), más peligrosas por llegar al fondo de los pulmones, el 30% de la población inhaló concentraciones por encima de los límites europeos. Según los límites OMS, la proporción expuesta llegó al 95%.

Respecto al ozono, responsable de afecciones respiratorias e incluso de muertes prematuras, el 97% de la población urbana estuvo expuesta a concentraciones que superan los niveles de la OMS (sólo 17% según los más laxos límites de Europa).

Ante estos datos, la Agencia reconoció la necesidad de ajustar la legislación ambiental de la Unión Europea. En vez de refugiarse en sus propios estándares, que no está logrando respetar, decidió revisar la brecha que los separa de los límites que ha sugerido la OMS, entendiendo que la salud de la población es lo que está en juego.

Esta decisión es respaldada por la opinión pública. Según una encuesta de la UE, para la mayoría de los europeos la calidad del aire se ha deteriorado en la última década. Esta percepción es mayor en España, Francia, Grecia, Hungría, Rumania, Chipre e Italia.

Nueve de cada diez europeos creen que las enfermedades relacionadas con la calidad del aire son un problema grave. Y cuatro de cada cinco encuestados (el 79 %) creen necesarias medidas adicionales para hacer frente a la contaminación atmosférica.

Por ello, la Comisión Europea de Medio Ambiente ha declarado: “Los ciudadanos quieren que actuemos y nuestra respuesta será revisar nuestra política de calidad del aire en 2013. Reclaman más medidas en sectores fundamentales, así como mejor información sobre la eficacia de las políticas. Para responder a estos desafíos, tenemos que colaborar a todos los niveles políticos y proceder a tomar medidas”.

Así, la Unión Europea encargó un estudio a la OMS donde participaron decenas de expertos de todo el mundo. Hace unos días se presentó un avance que no deja lugar a dudas: la evidencia científica establece que las partículas contaminantes son más letales de lo que se pensaba y agravan los problemas de salud ya reconocidos y otros como arteriosclerosis y defectos de nacimiento.

El estudio (“Review of evidence on health aspects of air pollution – REVIHAAP Project”) también refiere nuevas evidencias sobre las muertes producidas por la exposición continua al ozono, así como impactos de este contaminante en el desarrollo cognitivo y la salud reproductiva (incluso partos prematuros). Advierte que desde 2005 se ha generado nueva información científica acerca de los efectos sobre la mortalidad y morbilidad de la población de las partículas en suspensión, del ozono y del dióxido de nitrógeno cuyos efectos nocivos pueden darse incluso en bajas concentraciones.

Por todo ello, la OMS solicitó a la Unión Europea que endurezca su normatividad.

En contraste con este debate que involucra a científicos, médicos y políticos, las autoridades chinas parecen haber encontrado una manera más sencilla de reducir la contaminación atmosférica en sus ciudades: falsificando los reportes de polución. Así han alcanzado el codiciado estatus de “ciudad modelo en la protección del ambiente”, establecido en China para las urbes que tienen al menos 310 días del año “con cielo azul”.

Un día con cielo azul en China ocurre cuando los indicadores de contaminación no rebasan los 100 puntos (Hong Kong considera que la contaminación es “alta” entre 50 y 100 puntos). Aunque la medida es laxa, han surgido denuncias de manipulación en los datos para alcanzar el objetivo. La falsificación implica: omitir selectivamente las lecturas de las estaciones de monitoreo que reportan niveles de contaminación altos, citar las mediciones de zonas poco contaminadas, subestimar hasta en 30% algunos indicadores y eliminar detalles desfavorables.

Esto lo han documentado académicos y especialistas de la Universidad de Pekín, una de las ciudades que compite por el galardón. Además, el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) de Barcelona registró concentraciones tan altas de partículas en Pekín que las calificó de “insostenibles, desde la perspectiva de la salud mundial”. Esto ha sido corroborado por los ingresos hospitalarios debido a afecciones respiratorias, los cuales aumentaron 20% en enero pasado cuando las autoridades locales debieron pedir a la población que permaneciera en casa.

Todos queremos ciudades con aire limpio, por la salud de la población y por la calidad de vida que ofrecen. Para ello es indispensable enfrentar a fondo los problemas con la intención de reducir de manera efectiva las enfermedades asociadas a la contaminación. Ese es el reto. Si desperdiciamos esta oportunidad, terminaremos ufanándonos de ser creativos en el empleo de artimañas para lograr el vacuo récord de días con “cielo azul”.

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Artículo de Alejandro Calvillo, nuestro director de El Poder del Consumidor, con la colaboración de Gerardo Moncada, nuestro director de Transporte Eficiente y Calidad del Aire, publicado en EmeEquis > ir

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